El margen se descubre en el balance
La rentabilidad de un viaje de agosto se conoce en noviembre, cuando ya nadie puede actuar sobre la tarifa ni sobre la línea.
La rentabilidad de un viaje no cabe en una cifra. Está lo que los documentos demuestran —el precio facturado menos las facturas de proveedor que apuntan a ese expediente— y está lo que produce una hipótesis, una vez repartidos los gastos generales. Confundirlos es tomar una opinión por un hecho; separarlos es lo que permite decidir.
La rentabilidad de un viaje de agosto se conoce en noviembre, cuando ya nadie puede actuar sobre la tarifa ni sobre la línea.
Mucho volumen, mucha facturación, margen cero una vez contados el retorno en vacío y los peajes. Se descubre perdiendo un cliente rentable por atenderlo.
Los gastos generales repartidos por facturación hacen que todos los viajes parezcan igual de rentables: por construcción, no por observación.
Facturación menos las facturas de proveedor ligadas al viaje: gasóleo, ferry, peajes, subcontratación. Cada dírham es trazable hasta una línea de documento, y un clic abre la lista de esos documentos.
El detalle que importa. No se almacena ningún coste: la parte directa se lee con la misma expresión que la ficha del viaje. No existen dos respuestas a «cuánto costó este viaje».
Alquiler, salarios administrativos, seguros de flota, leasing: no se pueden apuntar a un viaje, solo repartir. La regla utilizada se muestra junto a la cifra que ha producido.
El detalle que importa. Desactive todas las reglas: la segunda cifra se mueve, la primera no se inmuta. Esa es la prueba de que el hecho y la hipótesis no están mezclados.
Por kilómetro para lo que se consume rodando, por días de viaje para lo que se consume en tiempo, a partes iguales por sencillez, y por facturación, con el aviso de que esa base vuelve todos los viajes igual de rentables.
El detalle que importa. Pocos programas escriben que su propio botón puede mentir. Este lo hace, porque un director que ignora el límite de una cifra tomará una decisión con ella.
La misma doble lectura existe por cliente: el que aporta mucha facturación y ningún margen es el cliente más caro de su flota. El periodo corta viajes, no documentos.
El detalle que importa. Un viaje de agosto lleva la factura de ferry que llegó el 4 de septiembre; si no, el margen de agosto dependería de cuándo el proveedor decidió enviar su papel.
Un viaje con costes y sin factura aparece como no facturado, en su propio bloque. Es una factura por emitir, no una condena de la línea.
El detalle que importa. Las divisas mixtas se muestran en dos sumas sin total: sumar dírhams y euros daría una cifra falsa con aspecto de correcta.
Una carga que desborda el remolque plantea una pregunta de varios miles de dirhams: un solo viaje más pesado, o dos viajes y una manipulación más. El consejero (módulo de 400 MAD/mes) pone los dos escenarios uno al lado del otro —kilómetros, manipulación adicional, fijo por viaje—, comprueba que la carga cabe en el remolque más grande que usted ha declarado y nombra el ahorro en dirhams.
El detalle que importa. Cada tarifa lleva su origen: su propio ajuste, un valor derivado de sus últimos 90 días de viajes cerrados —leído por la misma expresión que el margen, no hay una segunda definición de «lo que cuesta un viaje»— o un valor por defecto con nombre. El cálculo es determinista y funciona sin internet: un consejo que no se puede auditar no es un consejo.
El segundo modo del consejero. Usted teclea el precio del camión o su cuota de leasing, el seguro y el salario del conductor: los tres números que solo usted conoce. La utilización real, los ingresos por máquina y el coste por kilómetro vienen de su propio historial, y el veredicto cae en dirhams: margen mensual, kilometraje de equilibrio, retorno en meses.
El detalle que importa. El pronóstico corre a su utilización REAL, nunca al cien por cien; por debajo del sesenta por ciento el propio producto escribe «llene la flota antes de ampliarla», en contra de su propia venta. Con menos de cinco viajes facturados en 90 días no hay pronóstico alguno. Y la misma pantalla compara «sustituir en vez de comprar»: el expediente de una máquina concreta —reparaciones vinculadas y amortización restante— contra el candidato.
| Viaje | Cliente | Facturación | Margen directo | Tras generales |
|---|---|---|---|---|
| M-0705 | MERCADOMA | 31 200 | + 12 800 | + 6 900 |
| M-0704 | CITRUS SOUSS | 38 500 | + 12 400 | + 3 200 |
| M-0698 | MARJANE | 5 400 | + 450 | − 1 700 |
| M-0691 | LEONI MAROC | — | sin facturar | sin facturar |
Los repartos se recalculan en la lectura. Una cuota almacenada se desviaría de los documentos en cuanto se añadiera una factura de proveedor después.
El precio de venta es su oficio; la estructura de costes no. El acceso es un permiso aparte, aplicado en pantalla y en el servidor.
Al pulsar un viaje se listan la factura del cliente y cada factura de proveedor que apunta a él. Una cifra de rentabilidad que no se puede abrir no vale nada en una reunión.
El módulo lee facturas de clientes y de proveedores: alcanza todo su valor cuando la facturación y las compras se capturan en el producto. El consejero «un viaje o dos» es un módulo aparte, de 400 MAD/mes, que lee las mismas tarifas.
Los costes directos bastan para el primer margen: carburante, ferry, peajes, subcontratación. Los gastos generales llegan después y, mientras no estén, el producto muestra solo el margen directo en lugar de inventarse un segundo.
Una línea de factura de proveedor puede apuntar a un expediente: el gasóleo de ese trayecto, la travesía, la rotación subcontratada. Esa ligadura es lo que hace trazable el margen, y se hace al capturar la factura, no a fin de mes.
Sí. A falta de ajuste, el precio del kilómetro se deriva de sus viajes cerrados de los últimos 90 días, y la cifra lleva la etiqueta «derivado de sus últimos 90 días» con el número de viajes que la sostienen. Usted ve de dónde sale la hipótesis antes de decidir y la sustituye por su tarifa el día en que la tenga.
Cree la cuenta, marque sus módulos, añada los camiones — la primera misión sale hoy.